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El Raphael de ahora y el Raphael de siempre.

Don Miguel Rafael Martos Sánchez es, sin duda, una figura omnipresente en el imaginario colectivo de nuestra sociedad. Su vida pública y su faceta profesional se desdibujan y se confunden fácilmente. Y es que aparece continuamente en los principales medios de comunicación de masas; aunque raras veces se le pregunte en profundidad por su obra musical. Por desgracia, algo corriente dentro del género de la mal llamada “canción ligera”, en donde los artistas que la practican están más próximos a los programas en prime time que al periodismo especializado. Algo muy de aquí, vaya. Como Raphael, que también es un fenómeno muy de aquí. Resultaría imposible entender su larga trayectoria sin tener en cuenta la época histórica en la que surgió.

Independientemente de la afinidad que cada cual pueda sentir con el personaje y con su obra, es innegable que la aparición de este cantante marcó un antes y un después en la cultura latina. Además de atesorar uno de los escasos Discos de Uranio otorgados por la desmesurada cifra de vinilos vendidos, ha actuado exitosamente para grandes audiencias en prácticamente todo el globo terráqueo… En una época infinitamente menos globalizada que la actual. A estas alturas ya no cabe duda de que Raphael se ha convertido en un auténtico icono. Y de un tiempo a esta parte, hasta los artistas más modernos lo reivindican. Sería altamente complicado encontrar a un tipo equivalente fuera de Hispanoamérica. Raphael es algo único y ya.

Por otra parte, si alguien es capaz de mantenerse en el candelero durante tantos años, es que algo tiene. Y Raphael lleva más de medio siglo, que se dice pronto. Precisamente en 2020 celebró sesenta años de carrera con un disco de duetos con varios de los cantantes de habla hispana más destacados del momento: Manu Carrasco, Luis Fonsi, Natalia Lafourcade, Pablo López… Con ansias de modernidad titularon este artefacto sonoro como “6.0”(Universal Music Spain). Han tenido que transcurrir dos años, presumiblemente a causa de la pandemia, para que se pudiera poner en marcha su “Tour Raphael 6.0. 60 Aniversario”, que recaló en Lleida bajo el paraguas del Magnífic Fest. Concretamente en un mastodóntico escenario instalado cerca de La Seu Vella. Si se me permite, una macroestructura semejante a las que el abajo firmante ayudaba a montar en su época estudiantil.

En esta gira se acompaña de una ristra de músicos con privilegiado e impecable currículum académico. Algunos de ellos llevan ya bastante tiempo con él, contribuyendo sobremanera a renovar su inclasificable estilo a medio camino entre la música pop de los sesenta y los tintes folclóricos españoles y latinos más asequibles. A pesar de la juventud de dichos instrumentistas, todos tienen una dilatada experiencia en grabaciones y en directos con varios de los proyectos más exitosos de los últimos tiempos.

Esta banda, dirigida por el pianista y arreglista argentino Juan Pietranera, contaba en la sección rítmica con Ezequiel Navas a la batería (miembro de La Guardia y Tennessee), el percusionista gaditano Javier Mera “Ktumba” (que ha trabajado asiduamente con El Barrio, David De María, India Martínez…) y el bajista Carlos Sánchez de Medina (presten atención a su combo de jazz latino Patax). De las guitarras eléctricas, acústicas y flamencas se ocupaban el colombiano Juan Guevara (habitual de Sergio Dalma, Luis Fonsi, Paulina Rubio o David Bisbal) y Sergio Sancho Benito (asiduo colaborador de Los Pecos, Cómplices o Vanesa Martín). El teclista Javier Poncela Muñoz aportaba sofisticadas bases electrónicas y, con sonidos sintetizados, creaba ambientes más o menos etéreos. La sección de vientos estaba integrada por el trompetista de Puente Genil Fran Rivero (que ha compartido escenario con José Mercé, Miguel Poveda, Rosario Flores, Pastora Soler, Chucho Valdés o Paquito D’Rivera); el jazzista argentino Lisandro Mansilla al saxo tenor (escuchen a su grupo Laicha & Los Característicos) y el trombonista de Villaverde del Río José Hernández Rey, profesor titular del Conservatorio Profesional de Música de Osuna. De las voces adicionales se encargaban la madrileña María Ayo (que además de ser corista de Pitingo ha cantado en musicales como “Forever King of Pop” o “El Rey León”); Dani Reus, que ha grabado en discos de Gloria Estefan, John Legend, Phil Collins, Mariah CareyBarbara Mason o Rita Marley. Y que, por otro lado, dirige Gospel Factory, agrupación a la que también pertenece la cubana Jessica Pérez Martínez, que ejerció de tercera corista. Todo este conglomerado tímbrico estaba ordenado por el ingeniero de sonido sevillano Miguel Ángel García, que presta sus servicios a Raphael desde 2002.

Sin demora apareció la banda jugueteando con la melodía de “Yo soy aquel”. No pasó demasiado tiempo hasta que por fin compareciera la esperada estrella. A modo de declaración de intenciones, empezó a mostrar la estupenda salud de su voz con “Ave Fénix” de Alberto Cortez, incluida en su disco homónimo de 1992.

El repertorio, como era de esperar en un artista de tan prolongada carrera, consistió en un repaso de la misma, con temas publicados entre 1966 y 1992. Teniendo en cuenta la selección de las canciones, quedó empíricamente demostrada la fructífera alianza artística que tuvo, ya desde sus comienzos, con el compositor jerezano Manuel Alejandro. En su gala de Lleida, de las treinta piezas que sonaron, diecinueve salieron de la pluma del mencionado autor. Entre ellas, la anteriormente citada “Yo soy aquel”, que únicamente se mostró en su versión instrumental; “Digan lo que digan”, aderezada con vanguardistas arreglos electrónicos; “Estuve enamorado” empezada y terminada con el riff de “Day Tripper” de The Beatles; “Te estoy queriendo tanto”, casi a la altura de la versión que de ella hizo Bambino, otro artista único; el bolero “¿Qué tal te va sin mí?” con acompañamiento minimalista; “Enamorado de la vida”, con un gran juego de dinámicas sonoras o la muy coreada “Estar enamorado”.

Aparte de las canciones de don Manuel Alejandro, fueron desfilando tonadas como la asertiva “Yo sigo siendo aquel” compuesta en 1985 por José Luis Perales; el recuerdo a Camilo Sesto con “Vivir así es morir de amor”; también fue remozada su archiconocida “Mi gran noche” de 1967, original de Salvatore Adamo e introdujo retazos swing en “Maravilloso corazón, maravilloso” de Alejandro Vezzanio y Roberto Livi. La parte mística de la velada vino de la mano de “Ave María, escúchame” también de Manuel Alejandro, “¡Le llaman Jesús!” de Palito Ortega y “Aleluya del silencio” de María Ostiz, terminada ésta con un luminoso destello de gospel.

Para el que esto escribe, el Raphael más interesante salía a la luz cuando se atenuaba la presión decibélica y se reducía el número de instrumentos acompañantes. Ejemplos fehacientes serían su aproximación con dos guitarras y bajo a “La llorona” (célebre canción mexicana relacionada principalmente con Chavela Vargas) y el viejo tango “Nostalgias” de los rioplatenses Juan Carlos Cobián y Enrique Cadícamo. Su ejecución a piano y voz acreditó que un recital de Raphael con este escueto formato funcionaría a las mil maravillas.

Ya hacia el final del concierto llevó a su terreno la nuevamente redescubierta “Resistiré” de El Dúo Dinámico, himno de facto del confinamiento. Y claro, no podía faltar su gran hit “Escándalo”, sazonado con guitarras flamencas y una suerte de rap. Este tema de 1992 fue obra de Willy Chirino, uno de los padres del “Miami Sound”.

También criaturas del ubicuo maestro Manuel Alejandro eran “Se nos rompió el amor” y “Como yo te amo”, pertenecientes ambas al catálogo de Rocío Jurado. Pero tan relevantes le parecerían a Raphael que usó la segunda para cerrar su actuación por todo lo alto.

Es curioso destacar que este inusual crooner no se dirigió verbalmente al público hasta la última canción. Supongo que para preservar la voz. Su única declaración fue: “Hacía un siglo que no venía. Que bueno haber vuelto. Y lo que pienso volver. Lleida, Catalunya, os amo tanto. Bona nit.”

Pero es que sus gestos, sus ademanes y su singular manera de llenar el escenario hablaban por sí solos. La palabra “histrionismo” se le quedaba diminuta. No descubro nada nuevo cuando digo que este animal escénico magnetizó intensamente a sus numerosos incondicionales con su aura y carisma. Incluso con 79 años de edad, en frente de la audiencia, nada pesó sobre él. Ni mucho menos sobre su potente voz, que no decayó en ningún momento de la larga velada.

En mi cada vez más lejana primera juventud, un célebre y egomaníaco cantante me soltó a modo de advertencia: “Habrás trabajado con muchos artistas pero nunca con una estrella”. En aquel momento no me había planteado la diferencia entre estos dos conceptos, pero viendo a Raphael en vivo me quedó absolutamente claro que para llegar a ser una estrella perenne se tiene que ser antes un artista de los pies a la cabeza.

Texto y fotografías: Oriol Cárceles

2 respuestas »

  1. En este caso mi comentario es para Oriol Carceles magnifica critica musical como se agradece leer a alguien que sabe de este oficio y que te da una informacion absolutamente profesional señores pediodistas jovenes aqui teneis a un señor maestro dando haciendo arte de una critica musical a una leyenda como el gran Raphael

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  2. Es un Placer leer crónicas críticas escritas al nivel del talento del protagonista sujeto de anàlisis . En tiempos de compraventas evidentes y promociones a golpe de talonario como siempre a sido, fué y será . Se agradece leer algo honesto por una vez .Gracias a Rafael Por seguir dando conciertos . Y Grácias a Oriol Cárceles por esta crticacrónica . Adulta.

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