El pasado viernes 27 de febrero, la Sala Manolita se convirtió en el epicentro de una escena que sigue creciendo lejos de los focos masivos. I-nuits, una de las propuestas emergentes más estimulantes del Pla d’Urgell, ofrecieron un directo que confirmó algo que ya se intuía: su proyecto ha dejado de ser promesa para empezar a hablar en términos de consolidación.

Originarios de Sidamon, el quinteto formado por Anna Bosch (voz), David Garcia y Oriol Bosch (guitarras), Jordi Navés (bajo) y Xavier Bonell (batería) ha recorrido un camino coherente desde su nacimiento en 2017, cuando comenzaron versionando repertorio internacional. El parón de 2020 actuó como catalizador. Sin escenarios a la vista, decidieron girar el timón hacia la composición propia en catalán. El resultado fue un EP de cinco canciones publicado en mayo de 2021 que ya apuntaba una identidad clara, honesta y sin imposturas.
Lo vivido en la Manolita fue la cristalización de ese proceso. Desde el primer tema, la banda evidenció que el directo es su territorio natural. La sala, con un público mayoritariamente joven pero salpicado de seguidores de distintas generaciones, respondió con complicidad inmediata.





La voz de Anna Bosch, potente y emocional, se erigió como eje vertebrador del concierto. En los pasajes más íntimos mostró matices y sensibilidad; en los momentos de mayor intensidad, sostuvo la tensión sin perder control. A su alrededor, las guitarras de David Garcia y Oriol Bosch construyeron un muro sonoro compacto, con capas bien definidas y sin caer en la saturación gratuita. La base rítmica, con Jordi Navés y Xavier Bonell, funcionó como ancla: sólida, constante y al servicio de la canción.

El punto álgido llegó con la interpretación de sus composiciones propias. Ahí es donde Inuits marcan distancias. Letras cercanas, generacionales pero no complacientes, combinadas con melodías de vocación expansiva que invitan al estribillo coreado. Más de un asistente terminó cantando junto a la banda, prueba inequívoca de que las canciones ya no les pertenecen solo a ellos.
No es casualidad que en 2023 fueran reconocidos con la Beca de Grabación de Videoclip. Más allá del premio, el galardón señalaba algo evidente: hay trabajo, hay visión y hay recorrido. El concierto en Lleida no hizo sino reforzar esa percepción. Inuits tienen repertorio, actitud y una narrativa propia que conecta.
Lo del 27 de febrero no fue simplemente un concierto más en la agenda local. Fue la confirmación de que estamos ante un proyecto con ambición real y fundamentos sólidos. Si mantienen esta combinación de energía y autenticidad, su nombre dejará de circular únicamente en el ámbito comarcal para ganar peso dentro de la escena catalana.
Algunas bandas buscan su momento. Otras lo construyen. Inuits están claramente en el segundo grupo.
crónica by Wiam y Arnau @ipopfmradio
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