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Javier Sólo y La Banda del Vecino: Profesionalidad y canciones.

Cosas de los tiempos raros que nos toca vivir: la última actuación que vi de Javier Sólo fue en Los conciertos de Radio 3. Sí, un vecino de Castelldans en el mítico programa de RTVE. Pero es que Javier se toma muy a pecho su carrera. Y, sin lugar a dudas, es el artista de Ponent que más está apostando para tener visibilidad mediática más allá del pequeño y limitado ecosistema artístico ilerdense. Y aún siendo natural de Terrassa, ha creado tanta de su obra por estos lares que ya se le puede considerar uno más de la escena local. Eso sí, con un pie puesto en la Península Ibérica y otro en Latinoamérica, concretamente en México.

Pero es que además de esforzarse considerablemente en lidiar con las estrategias comunicativas y publicitarias del negocio, se preocupa tanto o más de la parte artística. Y no duda en contar con los servicios y las aportaciones de las figuras más rutilantes de la industria musical. No diré todos los artistas que han participado en sus proyectos porque la lista sería infinita. Pero ahora mismo, tirando de memoria, a la cabeza me vienen Osvi Greco, Lichis de La Cabra Mecánica, Fernando Madina de Reincidentes, Miki Florensa de La Pegatina, el histórico productor Carlos Narea… Y, en fin, un ecléctico y afamado etcétera. Es que, sin ir más lejos, en el disco “Mejor sólo y bien acompañado” de 2018 se rodeó de hasta cuarenta y tres artistas invitados. Casi nada.

En esta gira titulada “Un buzo en América tour” le acompañan el contundente pero minucioso batería Josep Pagès que, desde su Borges Blanques natal, se ha ido fogueando durante décadas en varios grupos de la zona garriguense. La sección rítmica se completa con el bajista Adrià Faura, docente musical con impecable formación académica y sobrada experiencia en mil producciones. De los teclados se ocupa el pianista y arreglista ruso Artashes Aslanyan, poseedor de sólidos conocimientos en música clásica; nada inaudito teniendo en cuenta su origen. No le va a la zaga el multinstrumentista colombiano Roberto Chibuque. Este trotamundos de la melodía, con su personalísimo toque de guitarra, constituye un engranaje que va como anillo al dedo a la propuesta que nos ocupa, ya que en la música de Javier se perciben diáfanamente innegables influencias de los sonidos rockeros procedentes de Latinoamérica. El director musical y guitarrista de este sexteto es Jordi Armengol, un veterano de la música estatal, con más de cuarenta años de trayectoria y un currículum impresionante. Como he hecho más arriba con Javier, en vez de enumerar nombres y más nombres de una lista kilométrica, mencionaré aleatoriamente algunos de ellos: en su juventud fue miembro de N’Gai N’Gai, produció varios discos de Lluís Llach y de Sangtraït, participó a distintos niveles con decenas de estrellas de los principales sellos discográficos catalanes, también colaboró estrechamente con Manolo García y Quimi Portet. Asimismo, ha girado con triunfitos como Rosa López, Manu Tenorio o Manu Carrasco… Y en Lleida ha estado con The Companys y Papa:Noes. O sea, que el bueno de Javier sabe bien aquello de “quien a buen árbol se arrima, buena sombra le cobija”.

La velada del Cafè del Teatre se abrió con las delicadas melodías de la artista egarense Rosa Zea que, habiendo formado parte en su día del grupo Las Primas de Mary Jane, ahora nos presentaba sus canciones más nuevas, guiadas por un suave y cautivador color de voz. Y después del buen karma transmitido por Rosa, el sexteto de lujo denominado “La banda del vecino” empezó su concierto con “Romperlo todo” de la que Javier comenta que “está incluida en el disco “Un buzo en América”, que saldrá finalmente en septiembre de 2022.”

En el rock amable de estribillos pegadizos y coloristas de Javier quedan bien presentes las claras influencias del rock hispano en general y del rock español en particular, así como ciertas querencias por aires latinos y puntuales ritmos jamaicanos. Por otro lado, desde que la música se combina con la palabra, las relaciones sentimentales y amorosas son y han sido, con diferencia, la materia narrativa más preponderante en la temática de las canciones. Y es que siendo la música el arte más directo y visceral, es lógico que la inmensa mayoría de las letras hablen de algo tan hondo y esencial en la vida del ser humano. Esto mismo queda bien patente en el repertorio de Javier, con ejemplos de amor y desamor plasmados en piezas como “Corazones sin planchar”“La mano que mece la Luna”, “Disturbios en el corazón” que este año ha grabado con Rebeca Jiménez o “Amor quemado” del EP “Un buzo en el espacio” de 2019…

A su vez, en “Mis maneras de ser” practica un desdoblamiento de identidad para hablar de sí mismo como si fuera otro individuo, quitándose el pudor y ganando más libertad para auto analizarse de manera pública. Y después también va tejiendo una vertiente más inclinada a la crítica social. Ejemplos de ella serían “Lunáticos en Marte”, que contó con la colaboración en estudio de Fernando Madina de Reincidentes, y en la que se enumeran personajes, estamentos y situaciones reprobables enfrentados de manera irónica a sus contradicciones. Pero de momento, la más comprometida de su cancionero es “Héroes y Villanos”, un himno que clama abiertamente contra mil y una injusticias y que el pasado año grabó con los mexicanos Los Daniels.

Destacables también serían el “Tango de ida y vuelta”, con la colaboración en disco de Daniel Higiénico, “El tiempo es un placebo” o “Falsos modales”. Y, en mi humilde opinión, sobre todas ellas está “Loqueando”, de ritmos jamaicanos y con uno de los mejores aforismos que he oído en años: “Loco está el que no hace locuras”.

En “La madre que la trajo” el versátil músico Roberto Chibuque cambió la Fender Stratocaster por un saxo soprano, con el que hizo varios fraseos y algún solo para quitarse el sombrero. Y después de una intro rockero-flamenca obra del gran Jordi Armengol, la explosiva Banda del Vecino terminó la impecable actuación con “Calores”, dejando a los asistentes con ganas de más canciones.

Y es que precisamente en el Cafè del Teatre estuvimos ante un artista que ha tomado la sabia decisión de dar el principal de los protagonismos a las canciones, que él engendra de manera prolífica y que, además de en los habituales álbumes, va publicando y publicitando en singles de manera gradual y escalonada.

A todo esto, si en algún aspecto Javier sobresale es en el literario, ya que escribe textos muy elaborados a nivel formal, con una métrica inusitadamente correcta y plagada de inteligentes metáforas e ingeniosos juegos de palabras. El uso de la ironía y de un refinado sentido del humor le convierten en una rara avis en estas tierras que habita. Si no es uno de los mejores letristas en castellano de Ponent, poco le faltará. Bien merece la pena aparcar la música para leer sus versos en negro sobre blanco.

Solamente el tiempo dirá si su firme apuesta tiene la suerte de llegar al gran público, pero humildemente creo que cualidades no le faltan. Y de tesón, perseverancia y constancia va sobrado.

Texto y fotografías: Oriol Cárceles

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