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Joan Lozano: diferentes vestidos para canciones redondas.

Y después de más de treinta años de carrera musical a sus espaldas Joan Lozano se decide a sacar un trabajo bajo su propio nombre. Bajo su apellido, para ser exactos. Ahora ya se puede decir que, por fin, ha iniciado una carrera en solitario, con lo que esto conlleva: ya no está sujeto a las estructuras fijas de una banda ni tiene que consensuar decisiones artísticas. Ahora puede decidir libremente en función de lo que le pida cada canción. Pero que no se asusten los más cerriles, que lo que normalmente le piden sus canciones es rock. Pero es que el rock, por suerte, es un concepto muy amplio y él no está dispuesto a limitarse.

Y precisamente a rock americano de amplio espectro con estribillo pegadizo es a lo que suena “De ida y vuelta”, canción de título profundo a nivel musicológico que el pasado trece de agosto se difundió en las plataformas de streaming habituales bajo el epígrafe de “Lozano y los Frentes Abiertos”. Dicha pista sonora la grabaron y mezclaron Josep Maria Bossa y el mismo Joan Lozano en los estudios Bossa Records de Lleida. De la masterización se encargó en Manresa el extremadamente prolífico Juanjo Muñoz de CatMastering.

El resultado es una pieza que, a pesar de estar pulida hasta el más mínimo detalle, sigue sonando a madera y a música de raíces: sobre una base rítmica pulcra y sólida elaborada por el eficiente batería Josep Maria López y el excelente bajista Lluís Boix, el responsable del proyecto Joan Lozano entrelaza guitarras acústicas cristalinas y guitarras eléctricas arenosas con suma elegancia y oficio. Y por si todo esto fuera poco, hay que añadir el revestimiento de lujo de Xavi Monge con el piano y el órgano Hammond. Y también obra de este jazzman de Balaguer es uno de los momentos culminantes de la grabación: un impecable solo de órgano Fender Rhodes, que a su vez es contestado por la ardiente Telecaster de Juan en un breve pero intenso interludio melódico. En lo que concierne a la voz solista, aunque Lozano no sea Gardel, “cada día canta mejor”. Dicho de otra manera: como vocalista mejora de la misma manera que lo hace el buen vino con el transcurrir de los años.

A nivel lírico, también sigue el discurso críptico que ya hizo germinar y florecer en su anterior etapa en Mister Jones, donde una mente limitada y distraída como la del que esto escribe se ve en apuros para desenmarañar el significado completo de la letra pronunciada. Bueno, con los poemas de Juan Ramón Jiménez o con los de Salvador Espriu también me pasa. Y me encantan.

Eso sí, como también es marca de la casa, no faltan referencias a la cultura pop: por los versos de la canción deambulan oníricamente el gran Dr. John, ilustrísimo hijo de “la bella Nueva Orleans”, o fotogramas de la película “Los fabulosos Baker Boys”(Steve Kloves,1989), en la que seguro que Juan intuyó algún tipo de paralelismo vital. I si se habla de dicho largometraje ¿quién se podría resistir al magnetismo de aquella hechizante Michelle Pfeiffer brillando en pantalla? O, como buen melómano, ¿a lo mejor lo que preferiría es irse de gira con Mike Campbell y Benmont Tench de sus amados Heartbreakers? La respuesta es obvia.

En el apartado de las presentaciones en directo, Juan combina distintas alineaciones de músicos dependiendo de las características de cada bolo. Dentro de esto que él denomina “frentes abiertos”, por un lado está el fructífero dueto que tiene con el pianista Xavier Monge. Después, lo que vimos el pasado 14 de agosto en el “Mur Fònic” de Penelles, actuando él solo con guitarra acústica. Y luego, el power trío con que se presentó el día 21 en el Desè Festival de Cinema Mostremp de dicha capital pallaresa. La verdad es que dudo mucho de que se cierre las puertas a futuras colaboraciones o a experimentar con nuevas configuraciones musicales. El tiempo dirá.

Joan Lozano en directo en el festival Mur Fònic (Penelles). Foto by Oriol Cárceles

En el recital de Penelles, celebrado en las piscinas municipales de dicho municipio de la Noguera, los pocos que estuvimos atentos a su actuación pudimos percibir que, en lo concerniente a la ejecución instrumental, es capaz de sacar una muy ingente cantidad de matices a la guitarra acústica. En este formato desvestido quedó más patente que nunca que el que sea un relevante creador de canciones a veces puede disimular su inequívoca destreza como guitarrista. Y, en tareas vocales, tenía la beneficiosa posibilidad de jugar lo que quisiera con las dinámicas, pasando de una dicción firme a pasajes que se acercaban al susurro.

El 21 de agosto en Tremp, después de la erudita y didáctica sesión de disc jockey de nuestro compañero Guillem Tàrtalo (a. k. a. The Reverend Hotfoot Jackson), que era la número 148 de su Jukebox Gumbo, subió Joan Lozano acompañado de los anteriormente citados Lluís Boix al bajo y Josep Maria López a la batería. Con esta poderosa sección rítmica unida a su atareada Telecaster, el planteamiento sonoro ya era otra cosa. El terceto se manifestó como un triángulo decibélico, enérgico y arrebatador. Y la voz de nuestro protagonista, decidida a no hacer prisioneros, en determinados momentos llegó a aproximarse fieramente al alarido.

Con un repertorio coincidente en más de un noventa por ciento en los dos conciertos, era muy fácil apreciar las diferencias entre “frente abierto” y “frente abierto”:

En ambos eventos sonaron canciones como “Una vez más” un pelín desabrigada en power trío; “Después de San Juan” especialmente redonda en su desnudez, con banda y a ritmo de cumbia cogía un insospechado nuevo aire; “De naufragios y deseos” que si en acústica solitaria era algo sutil, con banda se convertía en un impacto hard rock contando además con un trabajo alucinante de Lluís al bajo; la muy lozanesca “En blanco”; la evocadora “Flores de invierno”; “Ficción” que creció varios enteros con sonido eléctrico; la fronteriza “Malaventura”; el power pop luminoso de “Abril”; el clásico medio tiempo “Palidecer” tocado ambas veces con acústica y que le quedó genial la percusión de Josep Maria López; “Entre tus manos” que con sus alargadas notas en el estribillo llega profundamente a los sentidos independientemente de como se toque; “Cuadriláteros” siempre desafiante; su nuevo single “De ida y vuelta”, la camaleónica “Mi manera de andar” y “Como flechas de ángel” para terminar ambos bolos en la cúspide.

La conclusión evidente es que las canciones de Joan Lozano funcionan más que bien independientemente de los acompañamientos instrumentales, condiciones artísticas o ademanes que emplee a la hora de interpretarlas. La materia prima es de calidad. Punto.

Crónica y fotos by @Oriol Cárceles

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