Manel, reinventarse o morir

El éxito del grupo Manel se basa en el cambio y en no saturar al público

Ukeleles en mano, ritmos folks, letras ingeniosas e irónicas y cierta timidez en el escenario, así se dio a conocer Manel en 2008 pero, ¿qué queda de aquel grupo que saltó a la fama hace 10 años atrás?

Su concierto en el Teatro Municipal de Balaguer el pasado 10 de diciembre nos mostró que poco.

Han demostrado que no tienen miedo a cambiar, a experimentar y sumergirse en nuevas atmosferas, rompiendo así todos los esquemas y alejándose de las tendencias globales.  Esta vez vienen cargados de energía, muy renovados, con mucha vitalidad y lo demuestran con sus guitarras eléctricas, sintetizadores, gritos frenéticos y bailes “peculiares”. Estos fueron algunos de los ingredientes que hicieron del concierto una velada inigualable. Pese a que la sala no se llenó del todo, el público respondió muy entregado y es que esta vez fuimos testigos de unos Manel muy cercanos que no solo se desarmaron con sus letras sino también con sus movimientos.

Uno de los aspectos inamovibles en sus 10 años de gira y que celebramos, son los discursos atropellados de Guillem Gisbert, adaptados a las características del territorio en que actúan. En esta ocasión, dio las gracias al público por acudir al concierto pese a la niebla y el frío de la plana de Lleida.  Otro aspecto que han mantenido, pese al cambio de estilo musical, es el storytelling de las canciones. Tratan temas cuotidianos, con los que muchas veces los receptores podemos llegar a sentirnos identificados. Lo vemos por ejemplo en la Cançó del Dubte, que relata la duda que aflora cuando toca tomar decisiones importantes, como elegir trabajo o pareja. También lo vemos en la canción M’hi vaig llançar, donde narran como a veces ponemos todo nuestro empeño y nuestro esfuerzo en conseguir nuestras metas y objetivos pero, por falta de conocimiento de las limitaciones propias, fracasamos.

El concierto, que empezó con seis minutos de retraso, dio el pistoletazo de salida con sonidos distorsionados, que indicaban que se avecinaba la primera canción del concierto y, a su vez, del disco. Se trataba de Les Cosines. A continuación, daban paso a la canción BBVA, en la que el público se añadía con el na-na-na-na-na que daba el cierre de la canción. Rescataron algunos de los temas de su tercer disco, Atletes Baixin de l’Escenari, como Desapareixien Lentament, donde se respiran aires de nostalgia y una influencia directa de Bob Dylan, y también la canción Ai Yoko. Retomaron otra vez el último trabajo e interpretaron la canción Temptacions de Collserola, que apaciguó el ambiente con su relajante tonada, aunque no duró demasiado ya que con la llegada de la Cançó del Dubte, se empezó a caldear de nuevo. Fue ni más ni menos que con Boomerang cuando el público se revolucionó y tomó un papel más activo en el concierto. También sonaron La Senyora Manresa, L’Espectre de Maria Antonieta, que esconde una fabulosa historia,  Arriba l’alba a Sant Petesburg, que nos recuerda la esencia de esos primeros trabajos y M’hi vaig Llançar.

manel_balaguerEra el turno de Roger Padilla, quien se marcó una versión más hablada de Ai Dolors a lo Leonard Cohen, un tema mítico que, por la entrega de los asistentes se diría que los espectadores esperaban con candeletas. El ambiente iba subiendo de tono, y quedamos completamente seducidos con los ritmos latinos y exóticos de La Serotonina que incitaban a mover el esqueleto. Seguidamente, nos encontrábamos gritando “al mar, al mar” y con una voz al límite, Guillem nos sorprendía esta vez con Benvolgut. El concierto iba en crescendo, y fue entonces cuando el cuarteto abandonada el escenario. El público eufórico, tomaba rol en el asunto y asumía su papel gritando “No n’hi ha prou, no!”. El grupo volvía a reprender el concierto pocos minutos después con una de las canciones más tiernas con la que tocaron la fibra, La Bola de Cristall.

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Se acercaba el final del concierto, y con esto llegaba la traca final. Sonó la canción que da título al álbum Jo Competeixo, que dejó perplejo al público tanto por los tonos agudos del cantante como por la parte rapeada. También nos pusieron a chillar “que ve l’amor que ve l’amor” con Teresa Rampell y, como colofón final, la esperadísima canción Sabotatge. Sonaron 10 de las 11 canciones que componen el álbum Jo Competeixo. Pero, ¿por qué sacrificaron Avança Vianant? A lo mejor se trata de una cuestión técnica y es que con la utilización de bases electrónicas a veces no se consigue el resultado esperado en directo.

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Dos horas de concierto parecieron insuficientes para el público, que aclamaba sin parar a los nuevos Manel, aquellos que no dejan de probar nuevos terrenos. Cada nuevo trabajo es un salto al vacío y tal y como dicen ellos, “preferimos descolocar que aburrir”. Ahora toca estar pendiente de cual será su siguiente trabajo y preguntarnos con que se atreverán esta vez. Han pasado por el rap, la electrónica, la cumbia, la havanera o los cantos gregorianos. ¿Qué nos deparará su siguiente propuesta?

Crónica: Helena Capdevila

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