Hay festivales que se recuerdan por un cabeza de cartel. Otros, por una canción. Y luego están esos sábados que condensan el espíritu de un proyecto entero. La segunda jornada del Magnífic Fest 2026 fue precisamente eso: una celebración de la convivencia entre la nueva hornada de bandas y los nombres que ya forman parte del cancionero sentimental de varias generaciones.
La tarde arrancó con Éxtasis, uno de esos grupos que empiezan a sonar cada vez con más insistencia en la escena emergente catalana. Su propuesta, a medio camino entre el pop alternativo y la electricidad del indie de guitarras, sirvió para abrir el recinto con una descarga de canciones que ya comienzan a encontrar su lugar entre el público joven. Demostraron que no están en el cartel únicamente por proximidad geográfica: tienen canciones, actitud y un directo que sabe cuándo apretar y cuándo dejar respirar a las melodías. La creciente presencia de la banda en plataformas digitales y en circuitos de festivales de proximidad confirma que el proyecto se encuentra en un momento de clara expansión.






Fotos Éxtasis by Luis Pérez Contreras
Después llegó el turno de Sobrezero, que presentaban su trabajo Hasta que el mundo estalle, un disco que se mueve entre la urgencia generacional y la épica de los perdedores que aún creen en las guitarras. Sonaron “Todo tiembla”, “Casa Murcias”, la propia “Hasta que el mundo estalle”, “Camino elegante”, “Aquí puedes gritar”, “Interferencias”, “Patatas de chino” y una emocionante “Nena, no estás”, probablemente uno de los grandes momentos de la jornada y una de esas canciones que tienen la extraña capacidad de detener el tiempo durante tres minutos.

















Hubo también espacio para la celebración compartida cuando interpretaron “Demasiado normal” con los miembros de Éxtasi sobre el escenario, un gesto que evidenció el buen estado de salud de la escena emergente y la complicidad entre bandas que todavía entienden la música como una aventura colectiva. Cerraron el concierto dejando la sensación de que Sobrezero posee algo que no se puede fabricar en un estudio: identidad propia.
Con el recinto ya plenamente entregado, Tu Otra Bonita apareció para convertir Les Firetes en una verbena contemporánea de flamenco-pop, rumba e indie luminoso. Los madrileños encadenaron himnos como “Colgados”, “Alitas de mar”, “M’Enamorao”, “Grita”, “Y si no soy yo”, “Alegría de vivir” o “Colibrí”, demostrando que su repertorio ha conseguido algo muy difícil: sonar festivo sin renunciar a la emoción. Cada canción parecía escrita para ser coreada por miles de personas al mismo tiempo.











Pero el gran nudo emocional de la noche llegó con Love of Lesbian. El anuncio de su parón indefinido tras veinticinco años de actividad ininterrumpida sobrevuela cada uno de sus conciertos y convierte cada actuación en una pequeña despedida anticipada. Verlos hoy es hacerlo con la sensación de estar asistiendo al final de un capítulo esencial del pop español.



Su repertorio fue un recorrido por varias etapas de su discografía. “Ejército de Salvación”, perteneciente al álbum homónimo, abrió el camino antes de sumergirse en clásicos como “Cuando no me ves” o “Bajo el volcán”, extraídas de El poeta Halley. Sonaron también “Contradicción”, “1999” y “Qué vas a saber”, auténticos pilares de 1999 (o cómo generar incendios de nieve con una lupa enfocando la luna), uno de los discos fundamentales del indie estatal.
















Hubo espacio para “La Champions y el Mundial”, “I.M.T.”, “Algunas plantas”, “Incendios de nieve” y una emocionante “La Hermandad”, que en los últimos tiempos se ha convertido en una declaración de principios de la banda. El tramo final fue un golpe directo a la nostalgia: “Allí donde solíamos gritar”, “Los irrompibles”, “Fantástico” y, por supuesto, “Club de Fans de John Boy”, convertida ya en un himno intergeneracional y en la banda sonora definitiva para quienes aprendieron a enamorarse y a perder escuchando canciones de Love of Lesbian.
Cuando parecía imposible mantener la intensidad emocional, Alison Darwin se encargaron de poner el broche final con una descarga de energía sin concesiones. La banda defendió un repertorio en el que sonaron “Gravedad”, “Desde cero”, “Punkis de Hacendado”, “El dueño”, “¿Quién te ha preguntado?”, “Acostumbrados”, “Pongo filtros”, la estupenda versión de “Rincón exquisito” de Second, además de “Guerrera”, “Te lo mereces”, “Todo acaba bien”, “No eres de fiar” y “Todo va deprisa”. Cerraron la noche con la contundencia de quienes entienden el escenario como un lugar para dejarlo absolutamente todo.







Fotos Alison Darwin Luis Pérez Contreras
Un festival que pertenece a la ciudad
La quinta edición del Magnífic Fest ha confirmado algo que ya se intuía desde hace tiempo: el festival ha dejado de ser únicamente un recinto de conciertos para convertirse en un acontecimiento cultural de ciudad. El proyecto Magnífic a la Ciutat llevó la música a diferentes espacios de Lleida durante toda la jornada del sábado, extendiendo la experiencia mucho más allá de Les Firetes y conectando el festival con la vida cotidiana de la capital del Segrià.

También se ha ampliado la experiencia dentro del recinto, con nuevos espacios gastronómicos, zonas de descanso y propuestas vinculadas al territorio, consolidando un modelo de festival cómodo, diverso y cada vez más arraigado a su entorno.

Y, aunque la quinta edición acaba de bajar el telón, el Magnífic ya mira al futuro. La organización ha puesto en marcha la edición de 2027 y ha activado la venta anticipada de abonos, una declaración de intenciones que confirma el excelente momento del proyecto. Después de cinco años de crecimiento sostenido, el festival se ha consolidado como una de las grandes citas culturales del inicio del verano en Catalunya y como la prueba definitiva de que no hace falta marcharse lejos para vivir grandes conciertos. En Lleida, la música tiene un hogar propio. Y, visto lo vivido este fin de semana, parece que todavía quedan muchos capítulos por escribir.
crónica ipopfmradio
Fotos @ilerdam_lomography excepto las acreditadas en leyenda cortesía de Ismael Boldú i Luis Pérez Contreras