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Una noche de contrastes

El pasado viernes 1 de marzo pudimos ver en el Cafè del Teatre dos grandes bandas sobre los escenarios en lo que era una apuesta segura para disfrutar, con artistas más que reconocidos: por un lado, estaban Ricky Gil y Biscuit, que se inclinan hacia el pop rock y alguna que otra influencia sixtie, y por otro The Lizards, que venían con su apisonador sonido que cruza el hard rock y el punk rock. Difícil quedarse con uno por la combinación de dos estilos tan diferentes.

Abrieron la velada Ricky Gil y Biscuit. El vocalista de Brighton 64 venía a presentar su último álbum en el que ha colaborado con el grupo de Vilanova i la Geltrú, «Artefactes sonors de l’underground català«, un título que se va como anillo al dedo para describir el estilo del grupo y lo que transmite. No obstante, la colaboración entre ambos ya venía desde antes. Ricky Gil y Biscuit habían publicado un primer LP en 2021, «Infinites rutes salvatges«. Justo es con el tema que le da nombre con el que empezaron el concierto, una canción melódica y sentimental, seguido de otra pieza de ese mismo álbum, Insubmissió, en el que las guitarras eléctricas se abren paso, pero sin perder en ningún momento los ritmos más pausados. Al poco tiempo de empezar, Ricky explicó que habían estado a punto de cancelar el concierto porque les faltaba su batería, Fermí Roca, que se había fracturado un hueso.

A pesar de ello, allá estaban y se lanzaron a explorar algunos de esos artefactes sonors que venían a presentar, con una versión de La Curva del Morrot de Gato Pérez y Els Snobs, de Guillermina Motta, que aportó el lado más sesentero y así continuó con Anna de Ia & Batiste. En esta ocasión la voz la puso el guitarrista Armand Cardona, que se ocupó de la batería casi desde el primer momento hasta el final del concierto. Fueron habituales los cambios de instrumento durante la actuación: Ricky se pasó de la guitarra al teclado y de allí a la voz solista y la harmónica, para volver a coger la guitarra hacia el final del concierto. David Charro también pasó de los teclados a las seis cuerdas para encargarse después a su primer instrumento. Completaban la formación el bajista Angel Zambudio y el guitarrista Xavier Cardona. Los cinco músicos hicieron gala de una pericia sin igual.

A continuación, siguieron con En un altra vida, de Infinites Rutes salvatges, pero sin dejar de lado el repaso a la música underground catalana: el blues rock Hi ha gent de Toti Soler; Al matí a trenc d’alba de Pau Riba; Un desig antic de Toni Paniagua, en el que Armand Cardona volvió a poner las voces y Més enllà, una versión del Milk Cow Blues, de los Kinks, realizada por els Xocs en los sesenta. Con esta última ráfaga de canciones, el grupo mostró la faceta más rockera del grupo. Con Ungüent de serp, una pieza más calmada con la que parecía que el concierto acababa, pero Ricky volvió a subir al escenario para interpretar dos canciones más de Brighton 64, la conmovedora Avui he tornat a casa, de recuerdo a los maestros represaliados por la represión franquista (y en especial a su abuelo). Los músicos se volvieron a subir al escenario para acompañar a Ricky, que después se lanzó a Quan baixis de l’avió, un tema que merece ya entrar en los clásicos del underground catalán.

The Lizards, grupo que también conoce el escenario del Cafè del Teatre, puso desde el primer momento la sala patas arriba con Burning City, de su primer álbum. El power trio formado por Carla Santacreu, Judt Jordan y Edgar Beltri, ha hecho de los altos decibelios marca de la casa. Después sonaron Beware y Round The Bend, que pertenece a su último álbum, Fake Reality, que aún no había sido presentado en Lleida. Alternaron canciones de éste y su anterior trabajo, Inside Your Heart, con Psychic Vampir y Dead City. La hora que tocaron fue una muestra de un derroche de actitud, sobre todo el de la bajista, Judit. El público –poco numeroso, por desgracia- se mantuvo en todo atento a la actuación de los músicos, que se lanzaron con temas hipnóticos como Fake Reality y Ghidorah, para luego versionar el Folsom Prison Blues. Tras ello, sonaron canciones con The Freakshow y Everybody Sucks. Con Twisted Minds, el concierto se fue acercando a su fin, pero antes de marchar regalaron al público Sing out Loud, en el que invitaron al público a corear el estribillo.

Se cerraba así una noche llena de contrastes, con dos grupos que crean atmósferas totalmente diferentes: a la emotividad y melancolía de Ricky Gil y Biscuit le siguió el desfase con The Lizards, un experimento sin duda más que interesante.

crónica by @acratacappont – @fuegobaile
photos by Oriol Cárceles – @piratallucifer

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